En lo alto, allá en Hika, hay una espectacular bodega de chacolí, el vino ligeramente ácido de las tierras vascas. Cualquier observador puede apreciar, al subir hacia la meta, que el trabajo de los vendimiadores que arrancan los racimos de uva tiene que ser penoso, porque se alinean las cepas en una ladera empinada de 195 metros al 26% de desnivel, con una estrecha carretera en medio, que por ser recta, impresiona más a los ciclistas, aunque no a todos, porque hay algunos que sufren y disfrutan al mismo tiempo mientras machacan los pedales.

