Para superar los límites de lo humanamente posible, para crear algo que puede ser un imposible, para seguir creyendo en sí mismo, Sébastien Bouin tuvo que tocar fondo y verse tan cerca de abandonar que la sola idea lo enfermó. Fue un día del pasado invierno, casi tres años después de arrancar con el proyecto que, ahora sí, acaba de encadenar. “Estaba tan obsesionado con la vía que cometí un error y fui a probarla en pleno invierno. Hacía once grados bajo cero y el hielo colgaba del techo de la pared. Escalar así era una locura. Y, claro está, fracasé”.

