“El baloncesto me ha ayudado a no hundirme”, cuenta Artem Pustovyi, pívot de Ucrania, para explicar cómo vive este Eurobasket jugando con su país mientras perdura la guerra con Rusia. “El baloncesto nos ayuda a nosotros y a mucha gente que nos está viendo. Ayuda a alejarse de los problemas”, relata a EL PAÍS este baloncestista de 30 años y 2,16m.

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