Martes 5 de septiembre de 1972. 11º día de los Juegos Olímpicos de Múnich. Cinco de la mañana. Aún no ha amanecido. La Villa Olímpica vive una noche habitual. Deportistas que han salido de juerga a la ciudad regresan a sus apartamentos saltándose la valla metálica de dos metros que rodea la pequeña ciudad, 3.000 viviendas para hombres, 1.700 bungalows para mujeres, poco más de 9.000 habitantes en ese momento. Es un deporte más, el salto de valla, una muestra de compañerismo, unos se ayudan a otros. No hay problemas. Juventud alegre y despreocupada.

