Se nos hacía la boca agua con este 12 de agosto. Pero ni el fútbol ni el eclipse vividos en Riazor nos saciaron, y la sensación final fue la de un banquete servido a medio cocer. Vimos un partido de primera envuelto en un trofeo mítico, sí, pero todo transcurrió a medio gas. Un aislado destello de Brahim fue lo único que el público se llevó a la boca durante el primer tiempo, un aperitivo fugaz.

