Los desmarques de Mbappé bien valieron la entrada al Parque de los Príncipes en la velada que abrió la temporada de Champions en París. Frente a la Juventus se trató de un examen considerable para el Paris Saint Germain, embarcado desde hace un año en el desconcertante desafío de encontrar una organización competitiva que dé soporte a la presencia de Messi, Neymar y Mbappé. Las dudas persisten. Igual que el ingenio de Neymar, la sabiduría de Messi, y los movimientos devastadores de Mbappé, único asidero de un equipo que, perdido el balón, se desvanece.

