La agresión en Ceuta a un árbitro juvenil por parte del padre de uno de los jugadores mereció el inmediato desplazamiento de Rubiales y Medina, a los que vimos retratarse el lunes, con gesto de solidaria circunspección, con la víctima. Muy bien. Por desgracia, en las categorías menores hay cada poco hechos así, y ya que no se puede acudir a todos, al menos sí a este. Lo que suena peor es cierto aire de oportunismo y utilización del suceso en la eterna y aburrida guerra de la Federación contra LaLiga.

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