<strong>El reloj mostraba el minuto 75. Mahrez acababa de clavar un puñal en el corazón del Bernabéu cuando Ancelotti paró de mascar chicles un segundo para sacar del campo a Casemiro y a Modric</strong>. Repito: para sacar del campo a Casemiro y a Modric. No quitó a Kroos en la misma tacada porque ya le había quitado nueve minutos antes. <strong>Con un cuarto de hora por delante para intentar marcar dos goles que forzasen la prórroga, el Real Madrid se lanzó al abordaje del Manchester City con un centro del campo formado por Asensio (26 años), Ceballos (25), Valverde (23) y Camavinga (19), y una delantera con Vinícius (21) y Rodrygo (21) escoltando a Benzema (34). </strong>Lo que quiero decir con esto no es que Ancelotti esté loco, aunque ese es un diagnóstico que seguramente hoy habrían escuchado, visto y leído si no llega a producirse el tercer milagro de esta serie. <strong>Lo que quiero decir es que el Madrid no espera a nadie. Y si por medio hay una final de Copa de Europa ni siquiera espera a Modric, a Kroos o a Casemiro. Para que luego digan que ‘Carletto’ es solo un buen gestor que apenas interviene en los partidos. </strong>Tal es la implacable exigencia del club que vive obsesionado con estar a la altura de su leyenda alimentándola día a día.

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