Europa sigue perdiendo joven talento que pone rumbo a Estados Unidos. Pero no a la NBA, que es la meta de la mayoría de los que emigran. Los chavales marchan ahora a la NCAA, donde se les abre un universo profesional, pero también vital. Es complicado renunciar a la posibilidad de jugar al baloncesto, percibir salarios que son impensables en Europa para chicos de su edad y tener acceso a una carrera universitaria.

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