Silbó el colegiado el final del encuentro y a los jugadores del Espanyol les duró 10 segundos la felicidad en intimidad, pues de repente una tremenda marabunta se apropió del césped. Nada pudieron hacer los stewards, que momentos antes se las prometían felices y retadores porque hicieron un buen cordón policial alrededor del tapete. “Les habla la policía, manténgase en sus localidades por su seguridad”, bramó la megafonía del Stage Front Stadium antes de que acabara el encuentro para repetir poco después el mensaje. Se escuchó a duras penas por los silbidos y porque policía y fiesta no suelen casar bien, al menos para los incívicos. Y pronto quedó claro que uno no puede contra 100 y que 100 no pueden contra 20.000. Fue la locura hecha realidad, una invasión de campo que en pocos segundos borró cualquier atisbo de verde del tapete. Se avecina una fuerte sanción por parte de LaLiga; una multa que, por una vez, el Espanyol pagará a gusto por más que tenga 60 millones de deuda con Rastar, la empresa del propietario Chen Yangshen.

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