Zico fue el gran misionero del fútbol en Japón, allá por los noventa del siglo pasado. Él le dio el empujón a este deporte en el país del sol naciente, que ya llevaba años interesándose por él como medio de occidentalizarse y poniendo escenario neutro a la Copa Intercontinental bajo patrocinio de Toyota. Desde entonces no ha avanzado lo bastante como para eliminar a Brasil del Mundial, pero sí para darle un susto en el partido de ayer en Houston, el primero de este campeonato con verdadero sabor mundialista. Bien cerrados, con despliegues colectivos de calidad y un estupendo gol de Sano, llegaron en ventaja al descanso.

