La final de la Copa de Europa cierra una temporada que comenzó en agosto, con todas las prevenciones que dictaba la pandemia, y termina en París al borde de un nuevo verano. Se avecinan días de fragorosas discusiones sobre el estado futbolístico del Real Madrid y el Liverpool, que añaden un debate que empieza a asomar por el horizonte. ¿Qué beneficia más, llegar absorbido, y quizá consumido, por la exigencia del calendario o aprovecharse del descanso, con una latente posibilidad de desconexión?

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