En el club Hankuk de San Sebastián de los Reyes (norte de Madrid) hay unos 400 taekwondistas: los más pequeñitos tienen 5-6 años y se fijan en el grupo de los mayores, los de alta competición. El grupo, entrenado por Jesús Ramal y Suvi Mikkonen, lo lidera la sonrisa permanente de Adriana Cerezo, subcampeona olímpica en los Juegos de Tokio con tan solo 17 años. Cerezo, que ahora tiene 18, aterrizó en el Hankuk con 11 años: allí la llevaron sus padres cuando quiso dejar el taekwondo. “Me entró ansiedad, me pilló todo de sopetón, no disfrutaba de la competición”. Y allí encontró otra familia, su familia deportiva y otra manera de hacer las cosas.

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