El sol caía sobre el anillo partido del Olympiastadion y decenas de miles de austríacos cantaban a capela I Am From Austria. Acompañaban la voz del rey del pop alpino, Rainhard Fendrich, que retumbaba por los altavoces en un ritual de comunión nacional, la clase de vibración profunda que produjo la selección con la hermosa victoria sobre Países Bajos y la consecuente obtención del primer puesto del grupo D, contra todo pronóstico. Francia y Países Bajos, las dos potencias, caen al segundo y tercer puesto del cuadrante, con el consiguiente castigo que eso supone. Ahora los holandeses corren el riesgo de medirse a España.

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