Que el bombazo que ha provocado el Aston Martin de esta temporada pillara a trasmano al propio Fernando Alonso no ha impedido que el español se subiera al olote mediático que ha generado el gran rendimiento de su nuevo monoplaza. El salto de calidad ha sido tan tremendo que ha obligado al equipo británico a replantearse sus objetivos para adecuarlos a las expectativas que ha generado, que ahora mismo le llevarían a pelear por la segunda plaza de la estadística reservada a los constructores. Antes de que el AMR23 aglutinara la mayor parte del foco en los ensayos de invierno, en febrero, nadie podía imaginarse que el integrante más veterano de la parrilla, un piloto con 41 años cumplidos y dos títulos que celebró hace más de una década y media, y que sobre el papel se disponía a dar sus últimos coletazos en el Mundial, figuraría el tercero en la tabla de puntos, no se habría bajado del podio en los tres primeros grandes premios y sería el resorte que habría vuelto a disparar el interés por la Fórmula 1 en España y a llevarlo hasta cuotas inéditas desde la introducción del pago por visión.

