Ahí está él, el chico de los yogures proteínicos. Rostros y más rostros de Carlos Alcaraz en el tránsito de los tranvías, que exhiben por todo Melbourne el busto definido del tenista: coman-coman, que lucirán así de cachas, viene a decir el anuncio en el preámbulo del estreno de este domingo en la Rod Laver Arena, sin susto ni contratiempo alguno: 6-3, 7-6(2) y 6-2 (en 2h 05m). Es decir, una puesta de largo aseadita, bien controlada y sin contratiempos, prácticamente a pedir de boca teniendo en cuenta que en el tenis, sortear el engorroso listón del primer día cuesta hasta los mejores. Asoman siempre esos nervios traicioneros, te llames como te llames, pero hasta aquí, Alcaraz parece dominarlo como pocos. Él y los debuts, signo de garantía.

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