Indianápolis es un murmullo continuo alrededor de Jon Rahm, el golfista mejor pagado del LIV Golf y uno de los dos, con Bryson DeChambeau, sobre los que está construido el negocio. Los ecos llegan incluso al BMW Championship, la penúltima estación del PGA Tour, en la que Rory McIlroy, que manda junto a otros con 64 golpes, lamenta que se puedan perder puestos de trabajo «aunque en manos del PGA Tour tanto dinero se hubiese manejado de otra forma», dice.

