Hace 10 meses, en pleno despegue de Vinicius, a Carlo Ancelotti le preguntaron si estaba abusando del brasileño, convertido ya en un habitual de las alineaciones. El italiano negó la mayor, como se esperaba, pero soltó por su cuenta una advertencia: “El día que no mantenga este nivel, puede ir al banquillo”, afirmó por dos veces. Un comentario que hoy cuesta imaginar en la boca del técnico sin que nadie le empuje mucho a decirlo, y que sirve de ejemplo, otro, sobre el inopinado viaje del jugador de la chanza a la categoría de hábil goleador. Un año se cumple ahora de esta multiplicación de los panes y los peces, un año en el que solo dejó de ser titular cuando todo estaba liquidado en la Liga.

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