El pelotón profesional, como otros muchos colectivos de otros deportes o cualquier ámbito social, se mueve a veces por modas. Hace unos años a Peter Sagan le dio por comerse una bolsita de chuches al llegar a la meta, y de repente, los ositos de goma circulaban por las carreras en las mochilas de los auxiliares. Otra: a Tadej Pogacar le gusta tomarse una Fanta de naranja cuando acaba una carrera, y su asistente de confianza le espera con una lata de refresco, que se bebe antes de subir al podio (casi siempre), o cuando no lo hace. Y la Fanta, invento de la Alemania nazi para sustituir a la Cocacola, es una de las bebidas más buscadas. Como si el talento se pudiera beber a morro o la potencia aumentara como el IVA de las chuches, como denunciaba Mariano Rajoy, siempre preocupado por los ciclistas.

