Habitualmente, aquellos deportistas que son capaces de trascender en su especialidad hasta el extremo de pasar a ser vistos como fenómenos mantienen la tensión y el sacrificio alimentados por el ego; por esa sensación que les provoca el poder manifestar su superioridad. En la Fórmula 1, la mayoría de campeones del mundo comparten ese rasgo. Lewis Hamilton ya no compite para ganar sino para hacer historia y Max Verstappen quiere ser recordado como el encargado de romper la hegemonía del británico y Mercedes, en la misma medida que antes ocurrió con Fernando Alonso cuando (2005) puso fin al rodillo de Michael Schumacher y Ferrari, cinco títulos consecutivos entre 2000 y 2004.

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