El ciclocross ha llegado ya donde la carretera aspira un día a estar, una carrera de dibujos animados, tiempo limitado (una hora), protagonistas bien definidos, dos rivales eternos y, más que nada, combativos desde el primer metro, cuando ambos huyen de los demás, que solo piensan en cómo aguantar hasta el final; se aíslan, uno contra uno, en un derroche de energías que obliga a reescribir las leyes de la lógica fisiológica. Una contrarreloj en compañía: se sale esprintando, se termina acelerando.

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