Arranca el US Open desde este jueves a domingo (Movistar Golf) pero no lo parece. Y eso que Los Ángeles Country Club, el histórico y exclusivo recorrido en el elegante Beverly Hills, atrae sobremanera porque los jugadores no lo conocen, a no ser que hicieran algún torneo universitario o jugaran la Walker Cup amateur de 2017 (victoria de Estados Unidos sobre Gran Bretaña e Irlanda). Y eso que se ha mimado cada milímetro del campo, con los trabajadores saliendo a las tres de la mañana en las últimas semanas para conseguir que cuajara el césped bermuda, briznas como tallos que engullen la bola, búnkers profundos y greens de cristal donde la bola rueda sin remisión. Pero de lo que se habla tanto en el vestuario como en las ruedas de prensa, el monotema que absorbe las conversaciones, es cómo se fraguará y concordará el ya firmado tratado de paz entre el PGA Tour, el DP World Tour y el LIV saudí, los tres mastodónticos circuitos que se las han tenido de todos los colores en los dos últimos cursos.

