El pasado 6 de septiembre, unos escaladores encontraron un cuerpo sin vida a los pies de una de las numerosas vías de la pared del Brévent, un mirador de ensueño sobre Chamonix (Francia). El cuerpo, determinó la gendarmería, llevaba ahí desde la víspera: se trataba de Thierry Renault, 68 años, uno de los grandes alpinistas franceses de los años 80 y 90 del pasado siglo, un guía respetado y querido. Su muerte remite inevitablemente a la del belga Claude Barbier, el ‘loco de los Dolomitas’, fallecido en la pared de Paradou (provincia de Namur) el 27 de mayo de 1977 en circunstancias que aún no han sido aclaradas: ¿accidente? ¿suicidio? ¿asesinato? En lo referido a Thierry Renault, a falta de que la policía de montaña publique el resultado definitivo de su investigación, se ha filtrado ya la causa más plausible: el guía francés trabajaba en la creación de una nueva vía en el sector de la cara sur, colgado de una cuerda que quedó seccionada al rozar contra un filo de roca. Curiosamente, Claude Barbier también trabajaba en la limpieza y apertura de una nueva ruta cuando su pareja descubrió su cuerpo al pie de la pared, parcialmente enroscada en la escala de la que colgaba para llevar a cabo su labor. Sin embargo, nunca se encontró el anclaje al que tuvo que fijar la escala para llevar a cabo la faena desde la parte superior del muro de roca.

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