Un nanosegundo en el metaverso de Wembley
Fuente: El País Original en elpais.com
Sabías que la cosa iba en serio cuando veías aparecer el jamón bueno en la mesa de centro. No hacían falta pistas de ese tipo aquella tarde, pero mi padre echó el resto con el aperitivo el 20 de mayo de 1992. Era también el día de su cumpleaños. Y la recta final de un año en el que empezaba a quedar claro que no terminaríamos de pie ningún curso. El sol entraba violentamente por la ventana anunciando el comienzo del verano y Cruyff, en manga corta y unas Rayban de madero, asomaba por el césped de Wembley como el que sale al balcón a ver si la ropa se ha secado. No había mayor felicidad, pero yo no podía dejar de mirar la mochila y pensar en las notas del último semestre, una bomba de racimo que amenazaba con mandarlo todo al garete. Fuera como fuera la final contra la Sampdoria, ya ningún momento iba a ser bueno sacar el tema.