La Premier se prometía un año triunfal. Alimentada por el formidable mano a mano entre el Liverpool de Jürgen Klopp y el City de Pep Guardiola, se iba a comer el mundo de la mano de una vitalidad financiera sin rival en el mundo. Con la Liga en crisis tras los estragos de la covid, Alemania admirándose en el espejo de su carrera de un solo caballo, Italia en el purgatorio, Francia exportando jugadores (menos el más deseado…), la Superliga Europea en el abismo, solo faltó la llegada de capital saudí vía Newcastle a finales de 2021 para confirmar las aspiraciones inglesas a la supremacía permanente.

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