España conquistó en Estados Unidos el segundo Mundial de su historia sin traicionarse ni un solo día. Lo hizo siendo fiel a una idea que cambió para siempre el fútbol español en 2010 y que dieciséis años después sigue tan vigente como entonces: la pelota como centro de todo. La selección de Luis de la Fuente llevó ese legado a su máxima expresión, bordando el fútbol durante todo el campeonato con una generación irrepetible que convirtió el toque en una forma de competir y de ganar.

