A Alcaraz se le atragantó su tierra prometida, esa en la que hace justo un año le descubrió como un tenista para grandes empresas. Entonces, Umag (Croacia) fue el torneo 250 ATP que le coronó por primera vez en el circuito tras una sonora paliza a Richard Gasquet (6-2 y 6-2). Carlos era en esa época el 73 del mundo y sacó la patita por la puerta para, sin permiso y a bocados, derribarla en un santiamén, pues en este curso ya ha disputado cinco finales más y conquistado cuatro (Río, Miami, Barcelona y Madrid; solo con la tara de Hamburgo la semana pasada ante Lorenzo Musetti). Hasta este domingo, donde volvió a jugar la final de Umag frente a Jannik Sinner, que acabó por desfigurarle y llevarse el laurel por 6-7 (5), 6-1 y 6-1, para evidenciar que el tenis que viene es un juego de niños: el italiano (20 años) es el número 10 del ranking, al tiempo que Alcaraz (19) ya es cuarto.

