Si Jannik Sinner fuera un jugador de origen ruso o, en tiempos más antiguos, soviético o checoslovaco, estaríamos quizá tirando del tópico de la máquina perfecta o el jugador robotizado -eso se decía, por ejemplo, de Iván Lendl aún después de que emigrara a Estados Unidos. En cambio de Martina Navratilova no se decía, prueba de que los tópicos aportan también la comodidad de poderse usar solamente cuando conviene-.

