En 2000, durante uno de los peores momentos de Carlo Ancelotti como entrenador, Diego Pablo Simeone llevaba más de media hora de pie en medio de un vestuario a 130 kilómetros de él, desnudo salvo por una toalla, feliz como consecuencia de la desdicha del italiano. Catorce años más tarde, durante uno de los momentos más frustrantes de Simeone como entrenador, Ancelotti estaba a apenas veinte metros, con traje de tres piezas y la corbata levemente aliviada, gozoso a consecuencia de la desdicha de su colega.

