Después del costalazo contra Arabia Saudí, en los chat de aficionados argentinos la gente no solo estaba indignada por el resultado. “¿Quiénes son esos que han viajado hasta Qatar y no animan?”, se preguntaban muchos cabreados. Cuatro días después, la victoria ante México tuvo efectos tranquilizadores para la masa. Por el resultado y porque en primera línea de la grada se había adivinado la presencia de barras bravas que sí habían alentado al equipo como un sector nada despreciable de la gente esperaba desde sus casas. “En realidad, son barras de segunda línea. Aquí no está [Rafa] Di Zeo [histórico líder de La 12 de Boca]”, puntualizaban algunas personas con conocimiento de causa en los corrillos de los estadios. Ayer, frente a Polonia, todos volvieron a quedar en paz, por el pase y por la grada del estadio 974, el de los contenedores y el único para el que no se excavó en el suelo. Una pequeña guarida albiceleste.

