
Comienza la Liga y lo hace de manera intermitente, como si le diera pereza, como si la competición fuera uno de tantos que regresamos a la oficina tras el verano, encendemos el ordenador y enfrentamos las tareas rutinarias con movimientos lentos y hastiados. Comienza la Liga, sí, aunque continúa a la vez la pretemporada, como si con el cambio climático también las estaciones futbolísticas se estuvieran volviendo locas y uno ya no pudiera saber muy bien si es verano o invierno o primavera, o todo a la vez. Comienza la Liga, decimos, el Mundial parece algo ya lejano, acaso un recuerdo de juventud, y a uno le entran ganas de citar a Nietzsche y a Mufasa, que si el eterno retorno de lo mismo, que si el ciclo de la vida y todas esas cosas. Vuelve, pues, la vida tal y como la conocíamos antes de la segunda estrella. Juanma Lillo dijo que la liga es el bistec y la copa las patatas fritas. Yo digo que todo ello, junto, es el menú del día.

