Cambiar la soleada costa de California por el Mediterráneo supuso una transformación drástica en la vida de una estadounidense que decidió dejar atrás Los Ángeles para instalarse definitivamente en Barcelona. Al cruzar el Atlántico, la joven se encontró con una realidad cultural y lingüística muy diferente a la que había imaginado en un principio. La gran revelación no tardó en llegar: nada más pisar los restaurantes y comercios locales, descubrió con sorpresa que tanto las cartas de los menús como la rotulación de la ciudad estaban redactadas en catalán.

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