Los jugadores de la Real Sociedad celebran la victoria en la final Copa del Rey, este lunes en San Sebastián.

Alderdi Eder no fue solo un lugar: fue un latido. Un mar humano que desbordó emoción y convirtió cada rincón frente al Ayuntamiento de San Sebastián en un suspiro compartido. Donostia entera se vistió de blanquiazul, y el aire pareció teñirse de orgullo, de historia, de algo que va mucho más allá de un simple triunfo. Pocas veces, en la historia reciente de la ciudad, se había sentido algo así.

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