Rodrygo no deja pasar ocasión, por extraña que sea. En una tarde en la que el Sevilla y el Real Madrid parecían mirar un poco de reojo hacia otro lado, el brasileño despachó una función solitaria, un pequeño acto de rebeldía con toques de genialidad en su segundo gol, una maniobra eléctrica de fútbol sala en el área con la que culminó una contra. El equipo de José Luis Mendilibar vive ya con la mente en la final de la Europa League que juegan el miércoles en Budapest contra la Roma de Mourinho. El Madrid, que continúa empeñado en mantener la segunda plaza que amenaza el Atlético, compareció en Sevilla aparentemente desarmado.

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