El Real Madrid escapó sin rasguños de su incómodo compromiso copero ante un Cacereño sólido, resistente y atrevido que se desempeña tres divisiones más abajo del campeón de Europa. Una fantasía de Rodrygo, que se toma tan en serio Cáceres como Qatar, evitó a los de Ancelotti alcanzar una prórroga que hubiera hecho aún más incómodos los 300 kilómetros de regreso en autobús, y clasificó a los blancos para los octavos de final, que se sortean el sábado.

