Con la excepción de Ferrari, que vive en una transformación permanente que solo se detendrá cuando vuelva a ganar un título que no celebra desde 2007, los equipos más potentes que participan en el Mundial de Fórmula 1 no cambian a menudo de director. Pero Red Bull, fundado en 2005 sobre los cimientos de Jaguar, mantuvo a Christian Horner como su director durante dos décadas. Una eternidad. Él lo articuló todo allí dentro. La manera de contratar pilotos, de moverse casi mejor en los despachos que en la pista, y de controlar los incendios internos, que los ha habido, con su flema británica y grandes dosis de sarcasmo. Y también, dicho sea de paso, con altivez, divismo y bastante cinismo. Todo eso hasta hace poco más de dos semanas, cuando el expiloto fue despedido de su cargo de forma fulminante, en una maniobra que sigue sepultada por interrogantes. Un caramelo para los guionistas de ‘Drive to Survive’, la serie de Netflix que ha hecho saltar por los aires la popularidad del certamen.

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