En el tenis, el rugido de Rafael Nadal es la banda sonora de la primavera. Después de un parón prolongado de 45 días, el campeón de 21 grandes reaparece en Madrid y la Caja Mágica estalla cuando su nombre se anuncia por megafonía. Ha sido un mes y medio de la reserva, pero a su regreso, el balear pelotea como aquel que lleva un tiempo sin rodar en la bicicleta; las primeras cinco pedaladas le cuestan, pero a partir de ahí, él, maestro de la reinserción, tan acostumbrado a volver, volver y volver, reincorpora instintivamente los automatismos y lo que se presentaba como un estreno peliagudo, porque Miomir Kecmanovic sabe jugar, queda como una apropiada plataforma de lanzamiento hacia los octavos del torneo: 6-1 y 7-6(4), en 1h 55m.

