En tiempos de polarización incluso algunas tragedias causan divisiones. Sin embargo, la de Diego Jota y su hermano André Silva, los futbolistas portugueses fallecidos en una autovía en Zamora mientras viajaban de madrugada hacia el puerto de Santander, es una fatalidad sin fisuras, que ha conmocionado a Portugal de arriba abajo, de derecha a izquierda. Un símbolo de ese duelo unánime podría ser la nota de pésame que tenía previsto aprobar la Asamblea de la República, en Lisboa, donde en los últimos tiempos, tras la irrupción de la ultraderecha, lo que abundan son el intercambio de exabruptos, burlas y un estilo discursivo inspirado en la diplomacia de las tascas de puerto.

