Hay ideas tan obscenas que ni siquiera sobreviven al roce con sus propios y potenciales padrinos. El sábado nos levantamos con la feliz noticia de que Gianni Infantino había dado marcha atrás a su plan maestro y, por tanto, la FIFA no venderá el 20% de su negocio a inversores privados. La decisión de la UEFA de plantar cara al proyecto acabó siendo el principio del fin. Cuando Europa dijo que ni por asomo, el castillo de naipes se vino abajo en un suspiro. Ahora la pregunta ya no es qué será de la idea, sino cuánto poder, liderazgo y credibilidad se ha dejado Infantino por el camino. No parece poco.

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