La historia a veces es caprichosa. El fútbol, más. Cuando parecía que Cristiano se iba a despedir de los Mundiales, apareció. Cuando parecía que el drama se prolongaría 30 minutos más, lo hizo la fortuna. Y no porque el gol no fuera bueno. Porque fue un golazo. Sino porque los de Roberto Martínez no merecieron ganar. O más bien, no mereció ese final Croacia. No mereció ese desenlace Luka Modric. Con un gol en el alargue y con otro anulado en el alargue del alargue.

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