Al fondo de una tienda en la avenida Fray Servando, donde se deshilacha el mercado de Sonora y, con él, el enorme ramo floral de playeras de la selección mexicana, el sonriente Juan Ruiz busca estampas –cromos, figuritas– en cajas de cartón. “No tengo a Messi, fíjate. ¿Cuál era el de México, César Huerta? No… Tampoco”. Ruiz cambia estampas a tres pesos: uno le da la repetida y el dinero. A cambio, él entrega la requerida. Pequeñas láminas de satisfacción. Ruiz viste una playera de la selección, como casi toda Ciudad de México este miércoles, uniforme oficial del ciudadano consciente del festival futbolero. En vísperas del último partido de la fase de grupos, el hombre lo tiene claro. “Por lo menos hay que llegar a semifinales: ¡hay fe!”, dice.


