La victoria de Lewis Hamilton en Barcelona, aparte del valor simbólico del retorno de la leyenda de la F1, tuvo un significado mucho más profundo. El mensaje real de que el campeonato no estaba zanjado para Mercedes o Antonelli, de que el orden de fuerzas puede estar cambiando a una velocidad impensada. La de que Austria aparece como una cita fundamental, la octava de 22 rondas (que podrían ser aún 23 ó 24) en la que se puede constatar un cambio radical o un ajuste en Mercedes para protegerse de los rivales, principalmente Ferrari.

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