Tadej Pogacar ya tiene Romandía. Otro territorio abrochado, otra casilla marcada en ese mapa imposible que el esloveno va coloreando con una naturalidad que asusta. Cambió el ruido de las clásicas por el gobierno de una vuelta por etapas y el resultado fue el de casi siempre: victoria, autoridad y la sensación de que el ciclismo actual vive pendiente de sus próximos caprichos. En Suiza no ganó sólo una carrera. Se acercó a un reto que ni siquiera Eddy Merckx pudo completar: conquistar las siete grandes vueltas de una semana del calendario.

