Suena el guitarreo salvaje de la Song 2 de Blur y, al compás, Jannik Sinner va descerrajando derechazos y reveses violentos que acaban rápido con Alexander Zverev. Un suspiro dura el alemán, taciturno, rendido y cabizbajo de principio a fin, sin opción alguna en una tarde traducida en un agradable paseo para que el italiano continúe haciendo historia (6-1 y 6-2, en 57 minutos) y adueñándose de una temporada que está haciendo completamente suya. O cambia mucho el panorama o media algún contratiempo, o los grabadores la Copa de los Mosqueteros ya pueden ir poniéndose los guantes y empuñando el buril en París. Lejos de acortarse las distancias, cada día que pasa el número uno se aleja todavía más del resto.

