
Mientras esperaba su turno para hablar en la zona mixta, se sentó en una silla y desfundó el móvil. No decía nada. Andaba con el morro fruncido. Solo atinó a sonreír cuando le preguntaron por su hermanito, Keyne. “Es todo para mí. Es como si fuera un hijo y estoy enamorado de él. Me emociona verlo feliz y ver a mi madre vivir la vida que siempre ha soñado, a mis amigos… Al final es el sueño más grande de un niño, aparte del fútbol y de todo”, resolvió con gracia. El resto de sus respuestas, secas.

