La primera carrera a esprint de la historia del Mundial de MotoGP —la mitad de vueltas, la mitad de puntos a repartir, toda la emoción, y casi ninguna estrategia: fórmulas de puro espectáculo para recuperar el interés perdido por el público— la ganó el número uno, el vigente campeón del mundo Pecco Bagnaia. A lomos de su Ducati, la máquina que todos envidian en el paddock, el turinés tiró de galones para batir a su compañero de marca, Jorge Martín, con una pasada de superclase en la última vuelta. Marc Márquez, más pillo que nunca ante la falta de músculo de una Honda en horas bajas, capitalizó su pole position, esa que había logrado con otra pillería apenas unas horas antes, para aguantar el ritmo de los mejores y sacar petróleo de los errores ajenos.

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