En medio del infierno de Belgrado emergió un gigante. Walter Tavares apagó la caldera que alimentaban 20.000 espectadores del Partizán con una actuación tan descomunal como su figura. Fueron 26 puntos, 11 rebotes y la sensación de jugar entre niños para rescatar al Madrid y situar el 1-2 en los cuartos de la Euroliga. El conjunto blanco aún encara una gesta nunca vista en la Copa de Europa, remontar dos derrotas iniciales en una eliminatoria, pero el paciente sigue vivo después de estar contra las cuerdas. Tavares y un crecido Williams-Goss (22 puntos) mandaron la serie a la cuarta cita, este jueves en el bullicioso Stark Arena.

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