“Una persona tan fogosa como yo en esta ciudad necesita ser pasional; ¡una persona 100% racional aquí es un ovni!”, dice Pablo Longoria (Oviedo, 1986) mientras apura el café en su terraza favorita junto a la playa de Maldormé. Desde que el dueño, el estadounidense Frank McCourt, lo promovió de director deportivo a presidente del Olympique de Marsella en 2020, el hombre se ha afianzado en su condición de dirigente a fuerza de atravesar revueltas sociales y crisis existenciales en un contexto, la Ligue 1, de derechos audiovisuales deprimidos. El regreso del equipo a la Champions consolida una gestión que ha visto aumentar los ingresos por patrocinio en más del 70% impulsando al club hacia el puesto 19ª de los más ricos de Europa, apenas una señal del poderío de una institución que en 2025 ha sido capaz de atraer un millón y medio de espectadores al Velódromo, todo vendido en las últimas 25 fechas seguidas.

