En su afán por reventar la popularidad del Mundial de Fórmula 1, un objetivo superado hace ya días, los promotores del campeonato y la Federación Internacional del Automóvil (FIA), llevan tiempo jugando con fuego. El primer ejemplo de ello se produjo en Abu Dabi, en aquella última cita de hace dos años que decidió el título a favor de Max Verstappen y Red Bull y desquició a Lewis Hamilton y Mercedes. Por más que no tenga la misma trascendencia que aquella prueba en el Yas Marina, la carrera que este domingo tuvo lugar en Melbourne siguió esa misma dinámica en pos del espectáculo.

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