Abbas Eshmurátov, con sus dos asistentes, durante la partida del pasado martes en la Paraolimpiada de Ajedrez en Samarcanda

“El ajedrez iguala a todo el mundo”, suelen decir sus promotores, en referencia a que edad, sexo, raza, religión, fuerza física o solvencia económica importan poco o nada cuando dos personas se sientan frente a un tablero. Esa frase alcanza su esplendor cuando uno ve al uzbeko Abbas Eshmurátov, de 31 años, mudo y con casi todo el cuerpo paralizado: mientras una persona le sujeta la cabeza, otra interpreta los gestos de sus ojos para saber qué jugada quiere hacer. Durante las partidas, la sonrisa es muy frecuente en su rostro.

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